martes, 30 de noviembre de 2010

una mentira sin importancia.

Después de cumplir los 18 años, cualquiera me podrá considerar una persona independiente, y así lo creo yo. Bueno en su gran parte ya que sigo viviendo en la misma casa que mis padres, los cuales todavía no logran ver que ya no soy una niña a la que hay que ir a dejar de la mano al colegio.
La convivencia con mis padres es difícil, ya que nunca fui como ellos tenían planeado. No me guío ni me interesa ninguna religión, mis grupos de música favoritos no son Camila y sin Banderas, mucho podrían considerar la música que escucho es metal o gótica, pero yo simplemente escucho letras que me hacen sentido y melodías poco usuales. Mi ropa, si tengo que admitirlo, es rara y muy negra con parches, pero que importa, me gusta, me queda y me agrada ser algo más que las del montón.
A ellos podríamos catalogarlos en los típicos padres que tienen sus problemas pero que están dentro de una sociedad, a la cual se avergüenzan un poco de mostrarme.
Somos una familia teóricamente normal, tenemos nuestros problemas, que nunca fueron más allá de peleas y portazos. Bueno, era así hasta que en una inesperada noche, conocí a Cristian, o como muchos lo llaman, Cri. Nos enamoramos casi al instante, pensamientos, sueños e ideologías que compartíamos al pie de la letra.
Casi no toma, solo una que otra vez un poco de cerveza, no más de una lata., no se droga y fuma un poco. Por lo que me contaba, le ayudaba ayudar a los más necesitados y formaba parte de varios grupos ambientalistas. A eso hay que sumarle su tatuaje en la nuca y que su grupo favorito es Korn.
El tiempo pasó, tan rápido que ni se contarlo, me fui enamorando cada vez más y mis padres lo odiaban cada vez más.
Peleábamos más y pasaba mucho menos tiempo en mi casa, y cada vez que estaba con mi nuevo pololo, Cri, me sentía más enojada con ellos. Hasta que una tarde, luego de mi preuniversitario, se desató la tercera guerra mundial.
Gritos, amenazas, insultos y portazos fue lo que se vivió en mi casa. Luego de pasar más de 2 horas en una discusión sin sentido, corrí a mi habitación, arregle un bolso muy rápido y le robe la billetera a mi mama quien la había dejado en la entrada.
Obviamente si me escapaba, tenía que ser con mi pololo. Me apoyó y se marco conmigo de Santiago. Luego de varias horas de viaje en su antiguo y desalineado auto, llegamos a un pueblo chico en una playa, donde comenzaríamos nuestra nueva vida.
Jamás se lo mencioné a Cri, pero cuando paramos en la estación a poner bencina, llamé desde un teléfono público a mis papas, diciéndole que no me buscaran, que comenzaría a vivir sola, que había terminado con Cristian y que tenia planeado empezar una nueva vida en el sur. Lo cual fue totalmente una mentira ya que estaba feliz de empezar mi nueva vida con cri en el norte.
Los meses pasaban y todo iba bien, conseguí trabajo, una buena casa y hacia lo que quería cuando quería. A mi pololo no le fue tan bien, no consiguió trabajo y se lo pasaba en un bar donde se jugaba pool. Pasaron más meses y mi paraíso se volvió en mi peor pesadilla. Cri comenzó a beber, no trabajaba, se drogaba y estaba muy agresivo. Nunca llego a pegarme, pero me gritaba mucho y me amenazaba con hacerlo. Desperada no sabia que hacer, si llamaba a mis padres, se enterarían que les mentí y por los problemas en los que estaba metida, no me ayudarían. Cuando no se podía volver peor luego de unos meses de incomodidad y malestares, supe que estaba embarazada y que mi vida, finalmente, se había echado abajo por completo. Primero me genere una felicidad falsa, creyendo que todo era perfecto. Viviendo con la persona que amo y teniendo un hijo de esa persona. Pero Cristian no se lo tomo así. En cuanto supo lo que venia en camino, se descontrolo. Me acusaba de engañarlo y de mentirosa, de descuidada que lo único que hacia era arruinarle la vida. Luego de llorar, insultarlo y gritarle el error que cometí en vivir con el y a repetirle lo mierda de persona que es. En uno de mis gritos siento un dolor punzante en mi cara luego de un ardor insoportable u de un poco de sangre de mi boca. El muy desgraciado me pegó y yo ni lo vi venir.
Enojada y asustada esa noche decidí agarrar mis cosas y marcharme. Pensé en seguir la vida que les había dicho a mis padres, una casa en el sur y empezando una vida nueva. Pero era imposible. Por primera ve debía pensar antes de actuar.
Otras horas de viajes, una, dos, tres micros y me encontraba en la puerta de mi casa, la cual nunca había olvidado. Toque el timbre, no hubo respuestas, lo toque nuevamente y nadie contestaba. Seguí así unas 5 veces más pero sabia que nadie saldría. Me senté y espere, unas 4 horas, en la entrada de mi casa. Hasta que una camioneta se estaciona cerca de mí y de ella se baja una señora que no importaba cuanto tiempo pasaba nada gastaba ese aire de madre joven. Sorprendida me abrazo, lloramos y entramos con mi padre a mi casa para no dejarla en un buen tiempo más.
Luego de un tiempo tuve que decirles la verdad, de mi embarazo y que Cri ya no era lo que fue hace ya años atrás.
Mis buenos viejos, me comprendieron y me siguieron amando como siempre solo que ahora están más preocupados de mi de lo normal.
Tantos problemas que me podría haber evitado si tan solo hubiera pensado más, en que hacer y en que decir, ya que talvez alguien me podría haber salvado de mi nueva vida la cual, siempre fue una mentira.

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